Palabras que son flores que son frutos que son actos...
Octavio Paz: La estación violenta
Edición y nota:
Manuel Cabesa
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Homero Aridjis (Michoacan, 06-04-1940) es una de las voces más importantes de la poesía castellana que a lo largo de más de sesenta años ha sabido mantener una coherencia y una sabiduría poco vista en poetas más difundidos entre nosotros que él; poeta de altos vuelos, pero también narrador que se ha acercado asertivamente a la novela erótica e histórica.
Para mí es junto Octavio Paz y José Emilio Pacheco tres de los poetas mexicanos que más influencia han tenido en mi vida y no hablo sólo de la lectura y la escritura; sino también en lo ético y la formación de una moral: una visión plural de cuánto me rodea: el amor, la responsabilidad ante la creación, la actitud ante los eventuales lectores, el apoyo a los colegas, la dedicación al estudio.
Son más de cuarenta años leyendo a estos tres poetas con frecuencia, son a ellos a quienes acudo cuando me faltan las palabras, porque en su obra encuentro un reflejo de lo que tímidamente he querido hacer con mi vida:
"Escribo por amor a ciertos nombres; a lo que esos nombres significan y persisten adentro y afuera de nosotros.
A ciertos nombres de seres, de recuerdos y de frutos.
Por amor a ese nombre que es lo mejor de mí mismo, y lo mejor que quiero de mí para los hombres.
Por amor a esas cosas innombrables que se pueden sentir pero que solitariamente alcanza o apenas toca la poesía".
Homero Aridjis
Ajedrez/Navegaciones, 1969
1.
Elle a la forme de mes mains
elle a la couleur de mes yeux
Paul Eluard
Tiene la medida de mi sueño
los ojos de mi infancia
ama lo que yo amo
lo que no retorna
lo que no llega todavía
se levanta sobre mis párpados
y de ahí hace volar sus sueños
Se desplaza y permanece
siempre es ella en todas partes
saludando al universo
Llena todos los días del mundo
y aún no nace porque no tiene fin
La encuentro en el silencio de la absolucion
pero ella está dispersa respirando en todo
Si algún día llego a penetrar su alma
le daré vendimias de su cuerpo
el hombre el pasto la niebla
Los ojos desdoblados, 1960
2.
Y todas las cosas que a mi amor contemplaban
el sonido y la lluvia los parques y la imagen
se asomaron en ella
Y todos los seres que en el tiempo eran árboles
abrieron sus pestañas a los frutos del día
y el sol fue su mirada reencontrada en el mar
Y era un verano de diamante y de polvo
despierto al borde de la noche dormida
y creció entre la luz y la sombra trenzada
Creció sin detenerse y miré la Vía Láctea
perdido en las negras mariposas fugaces
y las bocas llamando como rojas campanas
Creció con el amante en verde silencioso
vestido de destinos cabalgando las horas
y breve arco iris espontáneos y breves
Y mis manos pudieron ser aire de sus manos
y en medio de la fábula descubrí nuevas fábulas
y el cuerpo de su risa emergiendo de su aire
Y tocamos el musgo de sus aguas inmóviles
y sentimos los ojos redondear las palabras
y volamos muy libres adentro de los pájaros.
Antes del reino, 1963
3.
Ay de ti que duermes navegando.
Como el pájaro que duerme con los ojos abiertos
Con la imperfecta serenidad de la que irradia perfectamente trastornada.
Con las manos tensas y el mentón altivo; los ojos un poco de soslayo, un poco a la manera del que mira sin mirar.
Con los senos de fuego, altisonantes.
Con los poros de la ternura violentada, activos resoplando.
Y los dedos sobre las extensiones carnales y perdidas, en pulcritudes domésticas y bárbaras, sobre juegos de azar y de certeza.
Con el instante un poco a la deriva, en el parpadeo de su órgano nupcial.
Con el parpadeo fabuloso de la creación que se celebra en la pura filigrana del amor...
Mirándola dormir, 1964
(fragmento)
4.
La noche se abre: piernas bruscas.
Los colores, los sonidos se abren.
El instante se abre.
La visión se está abriendo.
Imagen por imagen.
La mirada está ahí: corrobora y olvida. Renace y reverbera.
La visión se está abriendo.
Toma ojos, palabras, cuerpos que enraizan, pasos que jamás enraizarán. Avanza poco a poco, a fuego lento...
***
Desnuda la desnudez entre muros. Goza de ser vista, de compartir a otros la soledad entrañada, el momento en que dos fuerzas se tocan, se anonadan, se anudan, se anulan. Veo cómo entro en su cuerpo como en una tumba, cómo emerjo de él resucitado, cómo yazgo después, lento para pensar y tembloroso...
***
El dormir uno en brazos del otro, el ayuntarse, el yantar juntos, el pasear, el entenderse en cosas en las que realmente podrían no entenderse pueda darles una impresión estable. Sólo una impresión. Lo inmediato del amor normalmente nos deslumbra. Y queremos asirlo. Pero el amor, como la luz y el pensamiento es una fuerza de largo alcance que aún no podemos tolerar...
Perséfone, 1967
(fragmentos)
5.
A los nombres secretos
que el agua lleva
a los nombres
que el aire toca en la luz
a los nombres
que el fuego eleva en la llama
a los nombres
que la tierra abre en flores
al blanco universo vivo
que bajo mi cuerpo duerme
a todo el hombre
a Él
a los nombres secretos
Los espacios azules, 1969
6.
los libros son abiertos y las mujeres amadas
en la página justa en el círculo henchido
la visión se restaura y la herida se cura
hay un tiempo en el día en que el ser entra a un espacio de reunión
en que aire y voz se añaden se conllevan
hay un cuerpo en el cuerpo que es el cuerpo de todo
Ajedrez/Navegaciones, 1969
***
A Erick Lugo, quien propició el reencuentro.
A la vida, que también nació en abril.







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Rafael Ortega