sábado, 29 de agosto de 2015

Crónicas para combatir el olvido



Año V. Número 240



Si volviera a colocar el disco que hace poco escuchaba
quizás se sintiera más vigoroso. Porque esta laxitud le anonadaba.
No era que le desagradara, sino que le colocaba en sutil inferioridad ante sus amigos. 
Los alegres desahuciados. Andrés Mariño-Palacio


Para contrarrestar el efecto demoledor del tiempo, nos aferramos a ciertos olores, sabores, lugares y sonidos que permiten avivar la memoria colectiva e individual y nos trasladan hacia aquellas épocas ya vividas en compañía de una gran carga de emociones.


La música nos ha acompañado desde siempre y, aunque a veces no nos demos cuenta, tiene una gran importancia en nuestra vida. Las canciones y melodías pueden hacernos recordar eventos del pasado, a alguna persona que quisimos o simplemente darnos un momento de paz o felicidad.

Partiendo de esta premisa, el escritor y periodista Carlos Antonio Silva (Capaya, Edo. Miranda, 1948 - Maracay, Edo. Aragua 2014) se afanó por coleccionar durante bastante tiempo un buen cúmulo de historias reales que de manera irremediable terminaron entremezclándose con la ficción para darle cuerpo a la obra Crónicas transitorias de la vida cotidiana.

En las páginas de este trabajo, que se hizo acreedor del primer Premio en la I Bienal Antonio Crespo Meléndez (2012) en la mención Crónica Literaria y Crónica Social, se percibe claramente la convicción de un melómano empedernido ante “el ritmo de una música que fluye para activar los resortes de la memoria”.

Quienes tengan la oportunidad de adentrarse en este “entramado de historias de la vida corriente”, lo primero que descubrirán es la relación irrefutable que existe entre el hombre y sus recuerdos.

Definitivamente, construimos nuestro presente con base en nuestros recuerdos para evitar cometer los mismos errores del pasado y visualizamos nuestro futuro como una perpetuación de los momentos felices que vivimos en el ayer.

Cuando tuve la oportunidad de conocer personalmente a Carlos Antonio Silva, a través del poeta Manuel Cabesa, en cuestión de minutos se inició una amena conversación a dos voces sobre diversos temas que inevitablemente guardaban relación con la literatura, el teatro, el cine y la música.

En vista de que en aquel tiempo yo era un novato en las cosas del arte, mi papel dentro de estos encuentros -que se repitieron más de cuatro veces- no era otro que el de espectador; no obstante, algunas lecturas y mis incipientes conocimientos sobre la música –especialmente el rock- saltaban a la mesa de vez en cuando para aportar algún comentario.

Cabe destacar que los elocuentes argumentos de Silva me hicieron comprender que del sincretismo cultural se obtienen resultados interesantes; es decir, nadie que se atreva a autoproclamarse erudito en cuanto a cualquier género musical, sea la salsa, el rock, el jazz, el blues, el soul, etcétera, puede dejar de lado la música académica.

Es por ello que el compromiso voluntario del melómano se incrementa aún más cuando pretende abarcar las diversas corrientes musicales que surgen de la clásica y por cuestiones de contexto se fusionan para dar vida al imaginario contemporáneo de cualquier territorio.

La cultura y el arte reflejan el carácter convulsivo de los tiempos que corren. Quizás en otras épocas también convivieron concepciones artísticas tan dispares como actualmente, pero la falta de documentación nos impide constatarlo.

Confieso que al leer estas crónicas de CAS mi mente retrocede hasta aquellos momentos cuando era partícipe de esos agradables y enriquecedores encuentros, donde las barreras generacionales eran reducidas a su más mínima expresión y al ritmo de las horas surgían fragmentos de relatos o cualquier otra historia digna de contar.


Hasta aquí llegó nuestro espacio. Recuerden que pueden contactarnos a través del correo electrónico: rafedort@gmail.com, Twitter: @rafedort, Facebook: Rafedort y el blog: zonadetolerancia69.blogspot.com, donde encontrarán todas las ediciones de esta columna. Feliz fin de semana.