sábado, 10 de abril de 2010

María Luisa Angarita, tajante y circunstancial: “Si la literatura no se lee, no sirve para nada”


El escritor debe reflejar lo que ocurre en la sociedad, en el lugar donde reside. Está bien que hablemos sobre lo que sentimos, lo que pensamos, pero también hay que mostrar lo que se vive


Texto y foto: Rafael Ortega

Lo que atrajo a María Luisa Angarita (Caracas, 1982) al mundo de la poesía fue la música. De sus inicios recuerda que “escuchaba las canciones y les cambiaba la letra” para darle vida a sus propios textos. En el año 2000, el Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura del estado Aragua publicó su primer libro: Mundo ambiguo, el cual obtuvo el primer premio del Concurso Interliceísta Sergio Medina, mención Poesía.
En la actualidad ejerce la docencia en el área de castellano y literatura y ha escrito cinco libros que aún permanecen inéditos. En su trayectoria destaca el trabajo poético, así como la precisión y destreza que emplea como herramientas útiles a la hora de redactar sus ensayos, los cuales denotan una lucidez que sólo se adquiere a través de una lectura profunda del tema a tratar, dándole tonalidades subjetivas que atrapan al lector.
—¿Crees que los talleres literarios pueden ser fábricas de escritores?
—Fábricas no. Pienso que el taller literario explota lo que ya traes porque creo que el poeta o el escritor no se fabrica de ninguna manera.
—¿Cuáles temas te motivan a escribir?
—Es circunstancial, depende del momento.
—¿En cuál género te expresas mejor?
—En la poesía, porque en ensayo lo que hago es hablar sobre lo que he estudiado, sobre lo que he leído y doy mi opinión sobre ciertas obras, pero en poesía me siento mejor, es mi verdadera área y me permite expresar no sólo lo que siento, sino lo que veo.

—Aparte de la lectura, ¿de qué otras fuentes te nutres para escribir?
—Primero fue la música, después vino la lectura y ahora es lo que observo, por ejemplo, el poemario que actualmente estoy escribiendo está basado en una observación de lo que ocurre a las mujeres.
—A tu criterio, ¿cuáles escritores venezolanos son fundamentales?
—De los contemporáneos, me parecen fundamentales Eugenio Montejo y Rafael Cadenas; entre las poetisas, deberíamos leer a Yolanda Pantin, Edda Armas, Ana Enriqueta Terán, Antonieta Madrid...
—¿Y en cuanto al panorama regional actual?
—Me parecen interesantes las obras de Alberto Hernández y Manuel Cabesa. También deberían leernos a los más jóvenes. Ahí están Gloria Dolande, Astrid Salazar, Leonardo Maicán...
—¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos en el exterior?
—Mercado... el año pasado estuve en el Simposio de Literatura en Mérida y se me ocurrió preguntar frente a Víctor Bravo y a la supuesta élite de amigos que ellos tienen: “¿Cómo hacemos los poetas jóvenes para publicar?”, y todo el mundo se echó a reír. Nadie respondió. ¿Por qué? Porque es un mercado. Crearon su propia editorial para publicarse ellos mismos. Y así, las editoriales que van surgiendo publican gente que paga para estar allí o son conocidos, o son amigos, o son de Caracas, de Valencia, de Mérida, los que tienen su grupo y se autopublican.
—¿Es difícil ser escritor en un país de pocos lectores?
—Por supuesto, porque terminamos leyéndonos nosotros mismos. Leemos a nuestros amigos escritores, nuestros amigos escritores nos leen, pero quienes deberían leernos no nos leen. Uno escribe para un público y si el público no está, no vale la pena escribir. Si la literatura no se lee, no sirve para nada.
—¿Cómo percibes la presencia de la mujer en el mundo de la literatura?
—Es importante, pero al mismo tiempo se encuentra opacada porque la literatura siempre ha sido masculina. Últimamente se ha tendido a mitificar la posición de la mujer: la mujer escribe desde la casa, desde el trabajo, desde el oficio, o si escribe del amor le escribe a un hombre o si no es lesbiana y punto, se acabó. Entonces eso afecta porque no sólo se escribe sobre tales temas y no todas las mujeres son lesbianas y las que escriben sobre otras mujeres no tienen por qué serlo tampoco. Hay mujeres que escriben desde una voz masculina y lo hacen muy bien, y viceversa.
—¿Cuál es la función de un escritor?
—El escritor debe reflejar lo que ocurre en la sociedad, en el lugar donde reside. Está bien que hablemos sobre lo que sentimos, lo que pensamos, pero también hay que mostrar lo que se vive. Hay quienes escriben sobre un pasado que no vivieron, pero lo investigaron. Yo creo que si me tocó vivir en el siglo XXI, pues debería hablar sobre eso, de las cosas que están sucediendo, reflejar mi visión en cuanto a eso.
—¿Piensas que la Internet podría ser una valiosa herramienta para promocionar tu obra?
—Sí podría ser una buena herramienta, pero también puede servir para plagiar, y eso no me convence mucho. No es lo mismo publicar en papel, una revista, un periódico, un libro, que publicar un texto en Internet que de repente dentro de dos meses ya no está porque eliminaron la página o ya no la puedes ubicar fácilmente. Es cierto que cualquier persona tiene acceso, pero sólo las personas a que les interesa el área. El mensaje termina llegando a un grupo limitado, no a todos.
—¿Los libros virtuales suplantarán la imprenta?
—No creo. Puede ser que archives un libro virtual en tu computadora, pero sería muy difícil leer gran cantidad de páginas frente a la pantalla.
—¿Las instituciones prestan la ayuda que requiere el escritor?
—No. Es muy difícil publicar porque las instituciones siguen siendo manipuladas por el amiguismo, por el compañerismo. Igual sucede con los concursos, siempre ganan los mismos: los de Caracas, los de Valencia o los de Mérida. Pareciera que es algo que está predestinado: “Olvídalo, tú no tienes chance ni en tu propio estado”. Debe haber un cambio en las políticas, deberían crearse programas diferentes, el Conac debería hacer algo distinto, ahora que es parte del Ministerio de la Cultura.



La vida del escritor


Si una persona nació para escribir, esa será su vida. Su vida se transformará en su trabajo, su trabajo se transformará en su oficio, y así sea un ingeniero químico, buscará reflejar todo lo que haga en función a la escritura. Es una forma de rescatar la palabra. El poeta tiende a reflexionar y a trabajar la palabra. Es un proceso extraño porque se empieza coqueteando con la palabra y se termina difundiéndola. Eso, para el escritor, es la vida