sábado, 10 de abril de 2010

César León, la irreverencia blande su daga oxidada: “La palabra es nuestra herramienta esencial”


Toda la vida, mi cruzada personal ha sido alejarme de todo aquello que me parezca convencional, formal y rígido...


Texto y foto: Rafael Ortega

Ha trabajado como actor en varias obras con agrupaciones teatrales que desarrollan montajes de autores nacionales e internacionales, así como en productoras cinematográficas y de televisión nacionales e internacionales. Como dramaturgo y director, César León (Maracay, 1968) ha escrito, dirigido y actuado en diversas piezas de teatro. También se ha desempeñado como productor radial y televisivo, aparte de su reconocida labor en el teatro de calle con la agrupación fundada por él, en el año 1995, La Daga Oxidada Performers, cultivando la disciplina del arte de acción corporal.
La irreverencia, el desenfado y la espontaneidad son las principales características que describen su personalidad multifacética, que le obliga a hacer uso de distintos medios para expresar su pasión por el arte y la convicción que tiene de que la palabra es el más valioso instrumento que poseemos los seres humanos para lograr nuestros propósitos.
—¿Cuáles fueron tus lecturas iniciales?
—La lectura es una herencia que recibí de mi padre, él leía mucho Selecciones del Reader Digest y digamos que por ahí empecé, leyendo historias dramáticas de la vida real. Ya cuando empecé a leer cosas más importantes, de gente que ejerce el asunto con cierto academicismo dentro de la literatura, fue precisamente, y tal vez parezca una miss diciendo esto, Gabriel García Márquez, gracias a que a mi papá le gustaba mucho, a pesar de ser un señor con sexto grado, que se crió haciendo queso y arreando ganado, él fue toda la vida un lector voraz.
—¿Cuándo comienzas a formar parte de la escena artística de Aragua?
—Recuerdo que en el año 1990 aquí se hizo un casting para una película llamada Señora Bolero y yo quedé seleccionado. Aún no estudiaba arte dramático, pero mi conciencia me decía que tenía que hacer algo que me hiciera sentir bien y debía buscar mi lugar en el mundo. Eso era el teatro, pero mi primera experiencia fue con el cine, haciendo de extra. La experiencia fue tan rica, estupenda y divertida que terminé escribiendo Yo también conocí a la Señora Bolero y se lo llevé a José Aloise Abreu, quien dirigía el suplemento Cuartillas en el diario El Siglo, y con toda la timidez del mundo le dije: “Mira, ve si esto es publicable”, pues al poco tiempo recibí la gran sorpresa de ver mi texto publicado en el periódico, lo cual me hizo inmensamente feliz. No tanto el hecho de haber escrito el texto, sino verlo publicado fue lo que me motivó a seguir escribiendo.
—¿Has participado en talleres literarios? ¿Consideras que éstos podrían catalogarse como fábricas de escritores?
—Sí, participé en talleres literarios con Lidia Rebrij, Carlota Martínez, Xiomara Moreno y Claudia Hernández. En cuanto a la segunda pregunta, no diría que son fábricas de escritores, diría más bien que eso depende de la actitud del tallerista. Me explico, hay algunos participantes que llegan con esa intención, como alguien que busca medir cuánto va a ser beneficiado recibiendo un taller. En mi caso fue todo lo contrario, sentía rechazo hacia los talleres porque, debido a mi actitud orgullosa y soberbia, sabía que me iba a molestar muchísimo que me dijeran que lo que había escrito era una mierda (risas). Toda la vida, mi cruzada personal ha sido alejarme de todo aquello que me parezca convencional, formal y rígido. Anteriormente creía que así eran los talleres de literatura, que me iban a decir cómo tenía que escribir y no quería que condicionaran mi manera de redactar. Más tarde me di cuenta de que eso no era así y comprendí que sí es necesario manejar ciertas técnicas.
—¿Cuáles son los temas que te motivan a escribir?
—Yo y mi mundo experiencial, no es hablar de mí, sino de lo que me sucede, que al mismo tiempo puede sucederle a cualquier persona; la mujer ha sido un blanco frecuente, sobre todo cuando se acerca a una línea donde el erotismo, la sensualidad y la sensibilidad se ponen a flor de piel, y siento que la piel de la mujer siempre está como más servida desde el mejor lugar en este sentido, y últimamente me dio por explorar un poco el homoerotismo y escribí un poemario que se llama De sal y de fuego.
—Eres actor, productor radial, dramaturgo, poeta, diriges un grupo de performance y además conduces un programa de televisión, ¿en cuál de esas facetas te expresas mejor?
—En todas mis facetas se utiliza la herramienta de comunicación más esencial en nuestra vida: la palabra, bien sea escrita para que la gente te lea, bien sea oral para que la gente preste sus oídos para escuchar lo que quieres decir desde un escenario, desde un programa de televisión... por eso, en todos los ámbitos me siento bien porque me dirijo hacia mi norte, con sólo tener a un grupo de personas frente a mí escuchando lo que digo, siento que el mandado está hecho.
—¿De qué otras fuentes te nutres para crear?
—Soy muy ganado por las artes visuales, también me mueve mucho la danza porque siento que es el cuerpo en expresión, entonces creo que el caldo de cultivo para escribir está allí, al alcance de la mano, independientemente de cuál sea nuestro gusto. En mi caso, las artes y, obviamente, la observación de todo el entorno, desde mi interior, desde mi casa, desde mi comunidad, desde mi ciudad, desde mi país, son mis principales fuentes de inspiración para crear.
—¿Cuáles escritores venezolanos recomiendas leer?
—Voy a remitirme al estado Aragua, me fascina enormemente Alberto Hernández, disfruto muchísimo leyendo lo que él escribe; también los poemas de Erasmo Fernández, de Claudia Hernández y de Román Funes me parecen interesantes. En cuanto al ámbito nacional, yo era un gran “tragón” de las obras de José Ignacio Cabrujas como dramaturgo, como escritor de telenovelas y unitarios para televisión; Francisco Herrera Luque me impactó mucho con su libro La luna de Fausto; José Pulido, Ana Enriqueta Terán, Yolanda Pantin y —aunque sé que mucha gente me va a caer encima por decir esto— me gusta mucho Leonardo Padrón, no como escritor de telenovelas, sino como poeta. Me gusta su lírica, aunque dicen que es bastante light.
—¿A qué atribuyes que los escritores venezolanos no sean tan conocidos en el exterior?
—Por un lado, es culpa de los mismos escritores y, por el otro, de quienes tienen el poder de promocionar los libros, pero yo siento que existe un movimiento literario bastante respetable tanto aquí como en Caracas, aunque no sé cuánta será su proyección hacia el extranjero. La Internet nos da una posibilidad bastante amplia de ser leído en el exterior sin la necesidad de intermediarios, lo que me parece muy saludable. Pero hay que preguntarle a las casas editoriales qué está sucediendo.
—¿Es difícil ser escritor en un país de pocos lectores?
—Lo único que he publicado formalmente es una obra de teatro dentro de una antología llamada El valle en dramas, realizada en Maracay por Eleazar Marín, y algunos textos que han aparecido en el suplemento Contenido, coordinado por Alberto Hernández, en el diario El Periodiquito. Yo creo que nadie escribe pensando en quién lo va a leer, pienso que existe la necesidad primaria de dejar la mancha sobre el papel y ya después Dios dirá. Pero, al contrario de lo que siempre decimos: que el venezolano lee poco, me he quedado sorprendido por la cantidad de gente ha leído mi pieza en la antología, inclusive gente de mi barrio, que supuestamente no lee.
—¿Cómo percibes la presencia de la mujer en la literatura?
—Como un tema universal, global, no abordado de manera completa hasta ahora porque las mujeres son de una profundidad infinita e infinitamente motivadoras de cualquier cantidad de emociones e imágenes.
—¿Cuál crees que es la función de un escritor?
—Ejercer la función de ser una expresión de lo que mucha gente no se atreve a ser ni a hacer.
—¿Qué opinas de las nuevas tecnologías?
—Cualquiera que pretenda ser escritor tiene esa valiosa herramienta, que es la Internet, lo importante es que la gente se comunique.
—¿Algún día los libros digitales suplantarán la imprenta?
—No lo creo porque el libro impreso, con su tapa, su diseño, sus ilustraciones y todos esos detalles, tiene su encanto.
—¿Qué es para ti el oficio de escribir?
—Es una zona de descarga absoluta, segura... otra manera de liberar mis fantasmas, tal cual como lo hago sobre un escenario...