miércoles, 2 de abril de 2008

La mueca del gato

Observamos a un hombre menudo y enjuto parado frente a la puerta de un bar. Le escuchamos salir de sus labios: "Más comprensivo que yo, nadie".

A su lado, vemos a un enorme gato negro que maúlla quejumbroso, advirtiéndole la proximidad de unos pasos.

Una mujer, notablemente ebria, sale del bar colgada del brazo de un cliente y frunce el entrecejo al encontrarse con nuestro personaje.

El hombre los sigue con la mirada hasta que se desvanecen en la oscuridad con una expresión amarga en el rostro. Observa el reloj y emprende la partida con el gato en brazos. Va tras la sombra de sus pasos, cansado de ellos.

Advertimos que comienza a caer un rocío sobre su frente. "Es la primera lluvia, será eterna". Y así fue.